No sé si sea cultural, o ¿Qué tantas variables afectan el paso del tiempo? Además de los impuestos, y la muerte, hay una constante en esta vida, esperar.
Pasarás valioso momento de la vida esperando, ya sea un paquete de Amazon, una cita de lo que sea, la fecha límite de algo, que empiece un curso que de verdad te entusiasma, la llegada de la navidad para los no Grinches de la vida.
Creo que ya he perfeccionado la técnica de esperar en lugares públicos. Si quedo de ver a alguien que sé que es impuntual, lo cito media hora antes, porque es posible que llegue cuarenta minutos después de la hora pactada. Procuro ver gente en cafeterías o restaurantes, porque te puedes sentar cómodamente, tomar un café y sentir que no desperdiciaste completamente tu vida.
Hace mucho aprendí que un restaurante de cadena es la mejor opción. Puedes pasártela ahí el tiempo que quieras bebiendo café americano y el personal no espera mucho de ti. Siempre tiene algún pan, la televisión proyecta cosas genéricas, como videos ochenteros, un partido de la liga europea o simplemente el noticiero.
Cuando sé que me veré envuelta en una situación de esperar gente llevó un libro o revista. Es lo mejor, además da como señales a la gente alrededor de «no me molesten» y normalmente no te molestan. Entre más gordo el libro mejor.
El día de hoy tocó esperar que entregaran un pasaporte en una oficina de la secretaria de relaciones exteriores ubicada en el sótano de una plaza comercial. No era mi tramite, pero me tocó ir y no me dejaron entrar.
Mi plan A era irme a sentar a un Starbucks en la esquina y leer un poco en mi Kindle. No tenía un plan b, porque Starbucks hay en todos lados, ¿no? ok, esta plaza tenía uno en remodelación.
Nuevo plan, recorrer la plaza a ver que me encontraba por ahí. Un office depot, un super mercado elegante, una tintorería, un fastfood cerrado, un cine cerrado y un gimnasio. Había un Toks, ese sería mi nuevo headquarter en lo que pasaba el tiempo.
Se quejan mucho del capitalismo y el libre mercado, pero no valoran cuando pueden tener acceso a un restaurante de cadena, con comida, café caliente y un baño porque el que nadie va a respingar si entras.
Algo que he notado, es que a la gente le incomoda entrar sola a un restaurant, comer solo e irse, hay algo no escrito, como que está triste o mal o eres un perdedor por llegar solo a un restaurante comer solo e irte. No sé si sea porque esta cultura es de hacer todo juntos y en familia, entonces, el proceso de esperar en público genera cierta ansiedad, o provoca un ataque de ¿qué dirán? no somos tan individualistas como creemos.
Yo le dije a la señorita que no iba sola, que llegarían en media hora, media hora que duró hora y media. Para combatir eso, lo mejor que puedes hacer es sentarte en el fondo, en sitios ocultos, el servicio no es el mejor, porque pasas tan desaparecido. Yo no quiero que algún extraño llegue y me salude, tampoco quiero excusar tardanzas de gente.
Creo que, si nos vamos a subir al tren de la productividad, las esperas se pueden usar para avanzar otras cosas pendientes en la vida, adelantar ese libro, revisar ese conversatorio que dejaste grabado, ponerte al corriente con los pendientes del trabajo, actualizar tu agenda. Todo un café americano genérico y un pan con chabacano.





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