Nací en 1990, eso significa que eso de mandar cartas no fue algo que aprendiera a hacer, nunca tuve que comprar timbres postales y nunca usé un sobre para mandar cartas. Honestamente, nunca s eme hubiera ocurrido ir al correo.
Mi mamá quería mandarle a mi hermana hasta Australia unos sobres de aguas frescas de Zuko y un poncho que le hizo. Decidió que era más económico mandarlo por correo que por paquetería y como lo hacía con tiempo le llegaría para su cumpleaños.
Preparó un sobre, donde cabía todo, imprimó la dirección y ya estaba lista.
Llegamos a la oficina de correos, nos formamos, no había gente. El edificio se veía viejo, descuidado, pero limpio. Algunos posters informativos medio arrancados y otros con instrucciones de como preparar tu paquete.
Yo me entretuve viendo los apartados postales, nunca había visto uno, pensé que si tuviera quien me escribiera o me mandara cosas compraría uno, pero no es el caso.
El señor enfrente de mi mamá mandó una caja enorme toda llena de cinta canela y varias cajas pequeñas. La señorita que recibía los paquetes anotaba la dirección a mano. Ahi fue donde entendí que para el gobierno invertir en esto no es una prioridad, pero no lo es desde hace mucho ¿porque lo sería? Le puedes pagar a un privado para mandar cosas, ya nadie escribe cartas, creo que en la oficina había sólo tres empleados.
Fue el turno de mi mamá y le dijeron que no podía mandar su pocho en un sobre, tenía que mandarlo en caja. Le pusieron mucho énfasis en que no fuera una caja aguada o de regalo. Yo pregunté que si funcionaba una de amazon y me dijeron que si, pero que le quitara la etiqueta del envío anterior.
Regresamos a la casa, buscamos cajas en el cuarto de los triques, salió una del tamaño correcto.
Volvimos al correo 📦 con la caja y la cinta canela. Ahora había fila mucha fila. En señor enfrente de nosotros se quejaba que era muy lento, que no iba a llegar a una cita llegó un momento en que se salió de la fila y se fue.
Enfrente de nosotros iban unos señores con una gran caja, cuando se las revisaron se veía que mandaban kilos y kilos de dulces con unas playeras. Lo metieron en una gran caja que antes contenía una cafetera, la llenaron de cinta y no importó mucho.
La caja de mi mamá estaba algo feita, tenía un juego para beber sake que quien sabe quien compró y nunca se usó. Hizo el tramite la pesaron, tuvo que declarar todo lo que tenía seis sobres de zuko de jamaica y horchata y un poncho que hizo mi mamá, declaró que costó $200 para que no le cobraran aranceles y cerré el paquete.
Como anduve merodeando la oficina porque la fila era larga vi la bodega, no sé como sean las de estafeta o DHL, ni quiero saberlo, pero se veía llena y desordenada, entonces con eso en mente llené de cinta toda la caja, mi mamá me regañó, me dijo que se veía horrible, le dije “Bueno, que se rompa en el camino, al fin que no es para mí”.
Entregó el paquete y le dijeron que llegaría como en mes y medio, nada atiempo para su cumpleaños.
Una hora después salimos de ahí. Al menos alguien quere a mi hermana porque yo no hubiera hecho voluntariamente una hora de fila para mandar lo que sea, mucho menos unos sobres de aguas frescas.
Lo que aprendí de mi visita al correo es que todavía se puede usar, puedes mandar lo que sea siempre que sea legal, que el empaque no importa, es tu responsabilidad, mientras no sea de cristal o armas, que las cajas ya no llevan timbres postales.
El correo es una opción económica, disponible para todos, lo triste es ver que se ha recortado tanto, porque el mundo moderno no lo ayuda.
Cuando salía de ahi, pensando en que usos podría darle, me quedé pensando si al ritmo que vamos en 10 años esa oficina seguiría ahi.





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