
En la Ciudad de México hay un barrio chino, no es famoso como el de San Francisco o la calle Canal en Manhattan. Está en el centro histórico, en la calle de dolores. Cuando era chica iba con mis papás a comer al restaurante Shanghái, ya no existe, recuerdo que era una calle normal del centro, mugrosa, con ambulantes, como todas, pero con locales que vendían galletas de la fortuna y dragones. Pasó el tiempo y le pusieron una puerta roja, las lámparas rojas y se mejoró.
Ese barrio chino no es el que le tocó a Filiberto García, protagonista de la Novela El Complot Mongol de Rafael Bernal.
La Novela, publicada en 1969, es una semana en la vida del detective Filiberto García. Estuvo en la revolución, ahí aprendió a matar, luego llegaron las instituciones y su estilo de vida solo tuvo cabida en la policía.
Llegó el rumor de que en la próxima visita del presidente de Estados Unidos iba a haber un atentando, probablemente proveniente de China. Filiberto, por instrucciones de un secretario importante, tiene que colaborar que el agente del FBI Graves y el agente de la KGB Laski. Una colaboración muy extraña por la época pero bueno.
Lo curioso es que Filiberto se sabe su chamba, es bueno, pero los otros agentes tienes entrenamiento y el caso realmente no le importa, él tiene a la Martita, una chinita muy bonita, esperándolo en su departamento y la investigación nada más no lo deja darle atención.
La investigación de Filiberto y los agentes extranjeros dieron con otras cosas. Todo en la ciudad de México, que siento que no cambia, pero solo se atasca cada vez más. Los monólogos de Filiberto en medio de la investigación son una joya.
Un gran libro. Un exponente de la novela negra mexicana. La acción es diferente. No es como que va a salir un Poirot, no aquí los interrogatorios son «diferentes» con abogado delante, tratos en cantinas, balaceras en la Guerrero, no clásico.
Vale la pena leerlo, no es un libro largo, creo, yo todavía leo en Kindle, pero lo leí en una semana en mis viajes de tren. Tiene cierto humor acido, mucha acción y creo que todo pasó en dos días.
Cómo dato curioso, pero es un dato curioso para mí, aqui se supone que los malos son los chinos de la China de Mao, y a veces iba en el tren de Tokio con algunos turistas chinos y ver a Filiberto quejarse de los chinos… lo hacía más gracioso.





Deja un comentario