Si soy completamente honesta, por mi forma de ser, Me gusta el home office, no lo voy a negar, es por como soy, por como manejo el tiempo. Medio le sabía cómo salir adelante antes de la pandemia.
Bien, se acabó, regresamos, remodelaron, se suponía que todo estaría bien, pero… la remodelación no salió bien. Regresé a una oficina bonita, pero con goteras en el techo. Mis jefas optaron por que de momento cubriríamos las computadoras con plástico. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Estábamos en plena sequia ¿no?
El Techo Nuevo No Fue Suficiente

Un día llovió toda la noche, no era una lluvia fuerte, solo que, si fue constante, de esas que te arrullan hasta que te quedas dormido. Me desperté cuatro y media de la mañana para hacer mis portadas y lo que faltara, me enlacé a la computadora de la oficina y todo normal, mi plástico funcionó, supongo.
Entregué mi síntesis y me desentendí por un rato. Cuando llegué a la oficina lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de gente con escaleras que estaba en la puerta. Una de mis jefas me dijo «Junta lo que necesites para irte a home office porque se filtró el agua toda la noche un nobreak hizo corto y se incendió».
Cómo no se podía garantizar la seguridad del equipo o de nosotros y no parecía que hubiera de momento un lugar a donde reubicarnos, lo mejor era mandarnos a home office hasta nuevo aviso.
De inmediato cortaron la luz, y empezaron a levantar el techo nuevo, techo que era de materiales importados, que seguro salió carísimo y no funcionó. Tomé mi calentador de tazas y esperé nuevas instrucciones.
Lo bueno de este trabajo es que no necesitar estar en una ubicación física. Si quisiera podría irme a la playa y pasármela bien ahí. No lo hago porque me da flojera cargar con la compu.
Sospecho que no habrá nuevas oficinas pronto y por nuestros horarios raros a nadie le va importar.
Durante la pandemia me acostumbré a no interactuar, ver cómo resolver yo sola y sacar las cosas antes de tiempo para que no me estuvieran fastidiando cuando me dieran ganas de tomar una siesta. Ahora es diferente, ya nadie cree que se va a morir de Covid, ya no da miedo salir a la calle, así si conviene estar de home office.
Mi único problema es que la gente que me rodea cree que estoy de vacaciones.





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