Una semana desempleada

Pues, oficialmente ya cumplí una semana desempleada. Aún no sé como me siento. No es como que todo haya sido inesperado, esto se estaba cocinando desde enero. Y aunque soy casi una experta en el home office, esto es diferente.

Como empezó….

Ok, aquí va el storytime. Un día me llegó un mail de una escuela de idiomas, “Participa en la rifa de un curso de idiomas en el país que tu quieras.” Obviamente sabía que era un gancho para hacer una base de datos de posibles clientes, pero pensé que no perdía nada en intentarlo, quizá la diosa fortuna me sonreía y podría pasar unos meses aprendiendo japonés en Tokio, quizá Osaka o Kyoto.

Estaba en la oficina, pero eso no me impidió echar a volar a mi imaginación e imaginarme haciendo mis maletas, despidiéndome de todo mundo, comprando comida en un combini, llendo a la escuela caminando con mi mochila caminando por Shibuya. Mi mente me lo pintaba genial, pero luego volteaba a ver mi realidad, con una oficina cayéndose a pedazos, en un trabajo donde nunca iba ascender por más competente que fuera.

Obviamente llegó el sorteo, si es que hubo sorteo y no gané nada, pero no me desmotivé. No sé porque, llamé a la escuela, me atendió una mujer horrible que deliberadamente no me quiso dar precios de nada y me dijo que no iba a conseguir ningún plan de estudios mejor y casi me dijo muerta de hambre por preguntar, esperaba que le diera mi tarjeta de crédito y apuntarme en lo que se le diera la gana. La mandé al diablo ghosteandola y la verdad que pude haber seguido con mi vida, pero no quise. Otra vez, volté a ver mis alrededores, sola en una oficina donde caían gatos del techo, con una cascada al fondo y en mi monitor, nuevo, eso si tengo que admitirlo, noticias nada inspiradoras. Entonces puse en google estudia japonés en Japón.

Me salieron varios resultados, caí en una agencia de viajes de estudio que tenía buena reputación, vi los precios y pensé “Hum esto si es algo que puedo pagar”. Pedí informes y les dije que pagaba mi inscripción cuando el dinero de mi plazo fijo se liberara. Solo me dijeron que necesitaba forzosamente saber Hiragana.

Entonces, para irme a Japón debía renunciar a mi cómodo, pero no iba a ningún lado trabajo en la Cámara de Diputados.

La hora de las desiciones

La verdad es que mi trabajo en la Cámara de Diputados no era malo, tenía horarios raros, días en los que tenía que conectarme a las cinco de la mañana, mi jefa era muy linda y permisiva, me daba chance de hacer home office en circunstancias especiales como cuando mi familia regreso de vacaciones con lo que podría haber sido Covid y alguien tenía que cuidarlos y cosas así.

Yo entré a trabajar a la Cámara de Diputados en 2013, saliendo de la Universidad, en el área de tele. Me especialicé en guiones. Aprendí a improvisar en vivo, ver que las cosas pasaran, maquillar gente con papelitos matificantes de Yuya, que hacer cuando el invitado te quiere invitar de vacaciones a Las Vegas, en fin.

Vino la pandemia, me cambiaron a prensa internacional, era otro mundo. Uno donde hay horarios precisos, la información cambia cuando hay elecciones, explota algo, se muere alguien o empieza un conflicto armado, las portadas de los periódicos internacionales salen a las 5 am y la sintesis se entrega a las 6 am.

No me desagradaba, salvo la parte de levantarme los domingos, nada mas los domingos a las cinco de la mañana. No era muy buena en ese trabajo la verdad, a veces se me iban algunas nacionales en medios internacionales, a veces duplicaba notas, otras simplemente me distraía. Sé que no era la mejor monitorista, probablemente porque no me permitía crear.

Pedí informes y sola en esa oficina concluí que si renunciaba no iba a pasar nada, no era realmente necesaria, alguien podría remplazarme en una semana y si no me lanzaba a lo desconocido nunca dejaría Cámara, nunca buscaría crecer en otro lado, aquí la tóxica era yo, aferrada a Cámara y la Cámara ni siquiera me quería.

Entonces le dije a mi familia que había pensando en ir seis meses a estudiar japonés a Japón y me dijeron “Hazlo”. Le dije a mi novio y no me creyó, pensó que era broma, pero me dijo que lo hiciera. No me creyó hasta que me acompañó a pagar la escuela.

Empecé a hacer cuentas, hacer más trabajos raros en Fiverr, cada centavo sumaba para vivir bien en Tokio.

Eventualmente le dije a mi jefa, eso fue como por enero, hice todos mi tramites mientras estábamos en home office por reparaciones de la oficina.

Empezó toda la tramitología para mi baja y llegó el día. El 30 de agosto fue mi ultimo día en la Cámara de Diputados, me perdí todo lo que está pasando por la reforma judicial, no sé que pasó con el cambio de administración pero mis compañeros me hicieron una linda despedida con pastel y botana.

Nueva vida… desempleada

Si todavía no me voy a Japón ¿porque renuncié ya? ¿No es como muy tonto quedando cuatro meses? Si y no, resulta que me toca gratificación por haber trabajado ahi los mejores años de mi juventud, pero te dan tu cheque 40 días hábiles desde el día de tu baja y si me esperaba corría el riesgo de que a) Llegarán nuevos jefes a comunicación social y no me dieran nada b) no alcanzara a recoger mi cheque y perdiera vigencia para cuando regresara.

Entonces pues se acabó la legislatura y me fui. ¡Les gané! No me corrieron, yo me corrí sola.

Pero ahora, pues tengo que gestionar mi tiempo yo sola.

Al principio decidí que quería tomarme un par de semanas de vacaciones, pero me salieron un par de chambitas y hay que hacerlas.

Luego tuve que ir a hacer unos tramites a otro estado entonces así como que de vacaciones no he estado. Lo peor es que sé que quizá no fue el mejor momento para botarlo todo en Cámara, pero ponderando todo, creo que quiero mi cheque.

He estado leyendo libros sobre productividad, porque necesito organizarme con mi nueva vida como escritora copywriter freelance, tengo que hacer que funcione esto de ser mi propia jefa, llevar mi agenda y cumplirme a mi misma, porque sé que una vez que le agarre el hilo lo podré manejar, pero sido dispersa. El domingo me paré a las cinco de la mañana por costumbre, tengo que sacar de mi sistema una década de ser burócrata y pensar fuera de la caja, espero que Japón me ayude con eso.

Eso si, esta semana desempleada me he parado tarde casi todos los días y me hace feliz. Empecé a hacer ejercicio, también leer un poco más.

Lo haré funcionar, porque el sueño siempre ha sido home office a mi manera, imaginarme sentada en un crucero por Alaska con los fiordos en la ventana y yo adelantando un texto en lo que llego a la próxima parada. Sentada en el tren bala matando el tiempo con mi lap adelantando un guión.

A very a donde me lleva la vida.

2 respuestas a «Una semana desempleada»

  1. […] que regresarme a la CDMX para hacer mis tramites de renuncia y lo que faltara. Sin sellos no podía hacer […]

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  2. […] que he hecho en este blog es documentar mi camino de aburrida burócrata a aburrida escritora freelance que se fue seis meses a estudiar japonés a Japón. Aquí he […]

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Acerca de mi

Jimena

Adicta al té verde, compradora compulsiva de artículos de papelería y escritora por gusto😄

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