Había visto posts en Pinterest y vlogs con un concepto slow living. Lo que propone es prestar atención a lo que estás haciendo, no andar con prisas dejando que todo se salga de control, no cada cosa que hagas tiene un porque.
De ahi supongo que derivo eso de las slow mornings. Entonces sin querer empecé a probarlas.
Desde hace tiempo me hacía ilusión levantarme sin despertador, prepararme mi café, o té, depende el día y quedarme hecha bolita otro rato en mi camita. Ya después ponerme a trabajar. No sé, algo como empezar mi día en paz.
Durante la pandemia fue lo más cercano a este sentimiento de empezar el día en paz, con el pequeño detalle de que todo el día había noticias del tipo “el virus mutó” “Tal tiene tos” “No hay pruebas Covid” “Ya internaron a quien fulano”. Por eso el no tener a donde ir no era más cuestión de supervivencia.
Ya con la vida normal

Cómo ya no tengo a donde ir y todos mis negocios los hago en linea, principalmente con mi celular ya no tengo prisa por llegar a las 10 a la oficina o levantarme a las cinco de la mañana para entregar la sintesis, eso de asumir las mañanas lentas como que empezó a darse naturalmente.
Creo que estas mañanas lentas están ayudándome a darle una nueva estructura a mi vida en transición.
Lo ideal es levantarme naturalmente, pero por si las dudas puse una alarma a las 8 de la mañana.
En fin, me despierto, normalmente sin alarma y ya no a las cinco de la mañana, creo que este domingo fue el primero que no me desperté a las cinco en muchos años.
Me quedó viendo como pasa la luz entre la cortina, mi potos arriba del librero, le puse Bulbasaur, hay días que se ve alegre, otros no.
Paso unos minutos pensado si quiero oír noticias o no. Desde muy chica pongo las noticias en la mañana para arreglarme antes de ir a la escuela o al trabajo. Las noticias siempre han sido parte importante de mi día, pero últimamente creo que ya no quiero saber de noticias.
Después de ese debate interno como de un minuto o dos puedo o no prender el radio. Siempre el radio, la tele no va conmigo.
Me muevo lentamente y muelos mis granos de café, porque mamona, mientras hierve el agua.
Preparo mi café y me vuelvo a acostar en mi camita. Tengo una mesita de servicio para camara, de esas para llevar el desayuno a la cama. Fue una compra de impulso, un invierno frío que pensé que con una de esas podría hacer mis portadas en la madrugada bien tapada. La usé dos veces, porque no fue practico. Se quedó atravesada entre mi cama y mi buró.
Con esto de ir viendo que hacer con mi tiempo decidí que mientras tomaba mi café y oía las noticias, porque normalmente sucumbo, podría o hacer morning pages a lo Artist way o ponerme a bloguear. Hoy tocó bloguear por cierto. En fin la mesita resultó util después de todo.
Normalmente los noticieros de la mañana llegan a un punto en te repiten las mismas notas o llevan a un invitado a hablar de inversiones o un psicólogo para hablar de cosas de la mente y eso lo tomo como mi señal para hacer otra cosa.
Como aun es temprano y me queda café opté por ponerme a leer. Antes leía en el metro, era mi part favorita del viaje, hasta tenía mi técnica para ir leyendo agarrada del tubo, pero luego me mudé muy cerca de mi anterior mi trabajo y no podía leer. Eso me entristeció, pero me sirvió para empezar a debatirme si comprar un kindle era una buena opción para mi. Vivo en México y sacarlo en el metro me daba miedo, pero eso de ponerme a leer en las mañanas me agrada. En la noche a veces es un problema porque me va dando sueño y se me cierran los ojos, pero mi mente quiere saber que sigue.
Empieza el día, ahora sí

Con esto de ser escritora freelance, de aquí a diciembre que me vaya a Japón concluí que lo mejor sería continuar con algo de estructura. En la pandemia lo intenté pero la vida se fue complicando y las lineas entre el horario de oficina y el espacio personal se querían borrar.
Decidí que a las 10 de la mañana iba a abrir la oficina. Ponerme a hacer los pendientes y pedidos en proceso. Es buena hora, como de oficina.
El plan es acabar a las tres y ser feliz el resto de la tarde.
Ya cuando me canso de leer me estiro y veo que voy a desayunar, ahi es donde se acaba la paz, primero porque ya empiezo a interactuar con gente en el pasillo, o pasa el camión de la basura y hay que salir corriendo. En fin, es un golpe de realidad. Para que sepas que es momento de volver a la realidad.
No sé, últimamente valoro más mis mañanas, es mi tiempo y espacio personal. En un intervalo entre 8 de la mañana a 9:40 aproximadamente, vivo en una burbuja donde no importa nada, lo que pasa afuera de esa puerta no incumbe. Ya cuando la abro todo es real y hay cosas por hacer.
Sí, podría dejarlo todo para la tarde, pero creo que pasar las primeras horas en paz hace que el resto del día simplemente se sienta mejor.
Lo voy a aprovechar lo más que pueda, porqué sé que una vez que entre a la escuela habrá que re acomodar todo otra vez y buscar una nueva comodidad. Otra vez mañanas aceleradas, con una brecha de lenguaje y nuevos roomies, supongo.
Hoy seguiré bebiendo café, mientras hablan de los Ubers en el aeropuerto y blogueando cómodamente en mi camita.





Replica a 5 Cosas que si se pueden hacer bien con la IA – Jimena Copywrite Cancelar la respuesta