Yo sé que tengo un problema de adicción a la cafeína. No había sido un problema hasta que me asignaron el horario de las 5 de la mañana y decidieron que regresáramos a la oficina post pandemia. Esos primeros meses literalmente quería cafeína intravenosa ¿eso existe? No creo.
Mi relación con el café es complicada, me gusta su sabor, me gusta moler mis granos y el aroma que despiden. Disfruto mucho sentarme en mi cama oyendo todo el barullo en la ventana mientras me tomo mi cafecito en mi taza de Rick and Morty. Es como detener el tiempo un rato. Es parte fundamental de las Mañanas lentas.
Antes me gustaba pensar que funcionaba bien con o sin cafeína y tomaba café por gusto, no por necesidad, pero tengo que admitir que hubo una temporada que era algo casi obsesivo, un día hasta me llevé mi molino a la oficina, aunque en mi defensa, hacía mucho frío y había muchas notas. Con el tiempo me di cuenta que hay alternativas más efectivas para quedarse despierto, como el matcha o el te verde con te negro con mate. Pero el café tiene un algo especial.
El día que descubrí el verdadero sabor del café todo cambió. Sin azúcar, preparado a la temperatura correcta, con la cantidad adecuada. En verdad hay algo especial en descubrir las notas ocultas, por ejemplo, yo digo que el café de Chiapas tiene notas sabor a chocolate y el de Veracruz me da un sabor más como de la tierra, como que tiene más cuerpo y el de Oaxaca me da vibra de que tiene especias.
Llegar a este tipo de apreciaciones hace que ya no quieras tomar café de Vips o del Sanborns más que por necesidad, porque ahora sé que sabe a quemado, a que la jarra se quedó abandonada en la parrilla todo el día.
Cuando me dio Covid, tuve la desgracias de perder el olfato y tardarme mucho en recuperarlo. Era horrible comer cosas, sentirlas en la boca y que no supieran a nada. Cuando eso se compuso, empezó el efecto secundario más horrible, las cosas no sabían igual, había algo mal. Eso no me pasó el café. Perdí el chocolate normal, pero no las notas achocolatadas del café.
Como era lo único que me sabía bueno, me obsesioné con prepararlo bien, porque en ese momento el té verde, mi bebida favorita simplemente me sabía agua.
Sin darme cuenta ya estaba moliendo mis granos de café, experimentando con un v60, probando técnicas de prensa francesa, analizando filtros.
Ash fue como llegué al punto de ir a la oficina cargando con un termo de café en mi bolsa rumbo a la oficina.
En ultimas fechas he empezado a bajar mi consumo de café, con una taza en la mañana debería estar bien, ya no tengo que levantarme muy temprano, tengo acabarme todos los productos perecederos que tengo antes de que sea diciembre.
Sé que va ser un día triste cuando tenga que meter todo mi coffee bar en una caja para que no se empolve los seis meses que me voy. No sé que nuevas tazas de café me esperen pero las analizaré a ver que notas yo creo que tienen.
Mientras tanto, vivamos cada día una taza de café a la vez.☕️





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